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Luces de colores

La tarde empezaba a caer en el cementerio de la ciudad, el funeral había finalizado y los dolientes se retiraban entre sollozos y lamentaciones.

Jason observaba desde detrás de un árbol que, gracias a su vasta sombra lo ocultaron perfectamente de la vista de los asistentes.

Cuando se hubo retirado el último de los dolientes se acerco de manera pausada al féretro cubierto solamente por una lona repleta de flores donde reposaba su abuelo.

-¿Qué paso ese día abuelo?- alcanzo a preguntar Jason antes de que los sollozos lo invadiesen y se desplomase al lado de la tumba de Peter Banning.

Los recuerdos acudieron frescos a su memoria, el tiempo que dedicó a su trabajo de historia, la sombra que había visto en el ático, el jarrón de la abuela Moira desaparecido, encontrar a su abuelo agonizante y la acusación sin palabras de su padre por algo que no había hecho, recordó también haber escapado, corrió hasta donde sus piernas le permitieron, llegando a un parque donde se derrumbó en una banca y donde había despertado esa mañana con el cuello adolorido y un vacío en el alma, amén del vacío en el estómago que lo hizo ver estrellas cuando intento levantarse.

No quería ir a su casa donde seguramente todos lo culparían por lo que había pasado con su abuelo, contó unas pocas monedas en su bolsillo, lo suficientes para un pan y un vaso de leche en un restaurante de comida rápida, los cuales devoró ávidamente, en el noticiero matutino de la radio se mencionaba el asalto a la casa de su abuelo, no había sospechosos y además se denunciaba la desaparición del menor de los Banning y se pedía la ayuda de los oyentes para localizarlo mientras daban un detallado perfil con sus características y su vestuario, al instante sintió como si miles de ojos volteasen a verlo, pero para su suerte, o infortunio quizás, ninguno de los que se encontraban en el restaurante, que de hecho eran pocos, parecía haber dado importancia a la noticia, un asalto mas o menos en estos tiempos no llamaba la atención de la gente.

La nota finalizó con la información del funeral de su abuelo el cual se realizaría esa misma tarde cerca de la puesta del sol, Jason había vagabundeado en un centro comercial cercano durante todo el día y se dirigió al cementerio con tiempo suficiente para estar antes que nadie y encontrar un lugar donde pudiera observar sin ser visto, el funeral había sido bastante parco, un ministro religioso había pronunciado unas palabras y después de un minuto el ataúd con el cuerpo de su abuelo había descendido a lo que seria su ultima morada.

El mismo ataúd que reposaba debajo de tantas flores, y del cual Jason no podía apartar mirada.

Las sombras de la noche empezaban a inundar el camposanto, el tiempo no representaba ninguna diferencia para Jason, aun así cuando fue noche cerrada empezó a considerar el regresar a su casa, quizás podía ser de ayuda si decía lo que había visto, la policía podría buscar huellas del asesino en el ático, esa idea se centraba en su pensamiento, estaba seguro que la sombra que había visto debía haber sido el asesino escondiéndose, esperando la noche para asestar su golpe.

-Maldito- Sus puños se encontraban crispados por la furia y no había notado que sus últimos pensamientos los había dicho en voz alta.

-No era el que atacó a tu abuelo a quien viste en el ático…- la voz de una mujer lo sacó de su ensimismamiento.

-…era yo, intentaba encontrar al que había movido mi espejo- la voz sonaba apenada, como disculpándose.

-¿Quien eres? –pregunto Jason, con cortos pasos se acercó hacia una de las palas que habían dejado los trabajadores del cementerio, mientras escudriñaba el lugar en busca de la dueña de la voz.

-Soy amiga de tu abuelo y de tu padre, aunque, dudo mucho que tu padre me recuerde, han pasado tantos años.

-Muéstrate- ordenó Jason con una decisión en el tono de su voz que estaba lejos de sentir.

-Si me muestro, ¿prometes no correr?

La duda se plantó en el rostro de Jason, no entendía porque debía salir corriendo, pero si era necesario…

-Lo prometo.

Una luz brillante apareció detrás de una tumba cegando a Jason, la luz se fue acercando hasta que estuvo a la altura del rostro de Jason, este parpadeó varias veces intentando que sus ojos le dejaran ver algo más que luces de colores.

Pasados unos segundos pudo ver a la dueña de la vocecilla, pasaron unos segundos en los que su cerebro intentó procesar las imágenes que le enviaban sus ojos para después rendirse, al fin aceptó que la luz provenía de una niña del tamaño de un colibrí, quiso preguntar ¿quien era? ¿QUE era? Pero solo atinó a abrir la boca un par de ocasiones sin poder emitir sonido alguno.

Al fin la vocecilla se volvió a oír.

-Mi nombre es Twily ¿Porque mejor no te sientas?

-No, no, estoy soñando, si, ya se, claro, todo es un sueño estaba haciendo mi tarea de Egipto y debo haberme quedado dormido, todo es un sueño y el abuelo esta bien así que…

Una bofetada excepcionalmente sonora y dolorosa para la mano que se la propinó lo volvió a la realidad, decidió que era tiempo de dejar las cortesías de lado.

-¿Qué eres?

-Puede sonarte estúpido, pero, soy un hada estuve persiguiendo a un bandido de nuestra tierra que llegó a través del espejo que viste en el ático de Peter, siempre esta ahí en caso de que lo necesitemos, en caso de alguna emergencia.

-No estoy entendiendo ¿que tiene que ver mi abuelo contigo y porque y quien lo atacó?

-Es una larga historia, solo hay una cosa que puedo decirte, esto no tiene que ser definitivo- dijo señalando la tumba de su abuelo- ¿Recuerdas el jarrón? El que lo atacó, Lamen, vino por el jarrón es la clave de todo, si lo recuperamos tendremos una oportunidad de revertir todo esto. Pero no hay tiempo que perder, debemos regresar, debemos usar el espejo.

El abuelo tardó poco en regresar con dos tazas de té, unas particularmente llamativas por el intenso color verde lima con decoraciones de estrellas púrpuras, pero aun así el té estaba excelente. Jason apuró un trago de la infusión sin levantar la mirada, sabía que su abuelo lo estaba observando y dos sermones en una mañana eran muchos más que suficientes, no estaba dispuesto a aguantar otro, decidió no tentar a la suerte y evitar el tema.

-Abuelo, tengo que hacer un trabajo, ¿puedo usar tu estudio para ponerme a trabajar?

-Trabajo eh, ¿sobre que?

-Egipto antiguo- dijo Jason con cara de hastío.

-Creo que tengo un libro sobre eso, en alguna parte del ático, porque no subes y lo buscas, así harás tu trabajo mas rápido y por supuesto que puedes usar mi estudio.

Jason termino lo que le restaba del té dejando su taza sobre la mesita de centro apuró el paso y subió las escaleras de dos en dos, al fondo del pasillo se observaba el colgante con el que se abría el ático, tiro de el y una ligera nube de polvo descendió por las escalerillas, el ático estaba iluminado por la luz del sol que se colaba a través de una polvorienta ventanilla, parecía que nadie había subido en años y mucho menos se habían dado el tiempo de ordenarlo o limpiarlo.

Curioseo un poco entre los diferentes muebles, había allí un gran espejo con hermosos acabados en su marco que parecía ser de plata y numeroso libros en tres armarios recargados contra la pared del fondo, leyó los títulos uno por uno hasta que encontró lo que buscaba “Historia del Egipto Antiguo” era un libro con pastas anchas y marrones con la imagen de un sarcófago egipcio grabada en el frente y un mapa en el reverso las letras en sus buenos tiempos habían sido doradas y al abrirlo desprendió un aroma a papel húmedo, lo revisó por uno momentos y supo que el trabajo seria cosa fácil, los capítulos teñían resúmenes al terminar bastante explícitos y solo seria cuestión de copiarlos.

-¿Quien te quiere abuelo?- pensó Jason en voz alta con una sonrisa en el rostro.

De repente la sonrisa se borró de su rostro, de reojo notó que una sombra se movía a su espalda, volteó lo más rápido que pudo tratando de buscar que era lo que se había movido, pero el ático seguía desierto como cuando entró, pensando que quizá podía haber sido algo fuera de la casa se asomó a la polvorienta ventana, pero la calle Cidder seguía desierta como solía pasar a esa hora del mediodía.

Olvidándose del asunto bajo del ático y se dirigió al despacho para comenzar con su trabajo, de un vistazo hacia la sala se dio cuenta que su abuelo se había sumido nuevamente en la lectura, por lo que decidió dejarlo tranquilo, saco un cuaderno de su mochila y empezó a copiar los resúmenes al final de los capítulos, a pesar de que por momentos había saltos cronológicos dentro de su ensayo no eran lo bastante relevantes como para que pudiesen disminuir su nota, lo cual ya era mucho decir, ya que no esperaba notas adicionales por cumplir con el trabajo, era simple, el trabajo era un castigo y lo iba a cumplir parcamente, punto.

Entre escribir y contar palabras el tiempo paso volando y la tarde fue cayendo, con gusto después de haber leído y contado múltiples veces hizo el calculo y noto que con el ultimo resumen su trabajo excedería por mas de cien las cinco mil palabras requerida, notando una pesadez en la nuca y un vacío en el estomago hizo un ultimo esfuerzo y termino el párrafo.

-Por fin- se le escapo en voz alta con un bufido de exasperación, no estaba mal, tendría el fin de semana después de todo y gracias al libro del abuelo hizo nota mental de darle las gracias en cuanto hubiese comido un sándwich y un vaso de refresco, estaba por cerrar el libro cuando un párrafo del mismo llamo su atención.

No era algo desconocido para el, hablaba sobre el proceso de momificación, eran los grabados, los grabados en la foto de la hoja los que le produjeron una sensación de deja vú nunca había sido muy asiduo a la historia así que dudaba que hubiese visto esos jeroglíficos o lo que fuesen en algún libro.

Por alguna razón le recordaban una vasija… un jarrón, eso era, el viejo jarrón de la abuela Moira, había sido regalo de uno de los viajes del abuelo Peter dedico unos segundos a leer el párrafo dedicado a la foto de los jeroglíficos, algo sobre un jarrón perdido, Jason bostezó, algo sobre un navío mercante del siglo XVII, un bostezo mas amplio que el anterior llegó y Jason se sintió pesado, actos de piratería, los ojos se le empañaban pero intentaba leer, una flotilla de barcos dirigidos por el capitán Alexander Brab Argen, el cansancio estaba venciendo a Jason y el codo en el que estaba apoyado descendió, entrecruzó sus manos y apoyo la cabeza sobre ellos, quizás ese sándwich podría esperar quince minutos.

Jason despertó súbitamente, no recordaba haberse dormido, y el sol ya se había ocultado no se oía ningún ruido en la casa, tomo su mochila y salio del despacho.

-¿Abuelo?- el abuelo Peter no se encontraba en la sala -¿Abuelo?- preguntó nuevamente Jason en un tono más alto, pero no parecía haber nadie en la casa, cruzo la puerta de la cocina donde casi resbaló con un liquido derramado en el suelo, había bastante desorden ahí y la ventana parecía rota, la ansiedad comenzó a roer las entrañas de Jason, ahora le era desesperante la necesidad de encontrar al abuelo.

Encendió la luz y noto que el liquido que se encontraba en el suelo lucia espeso y rojo, además con la luz pudo notar unas huellas rojizas en la puerta, corrió hacia la sala y de un tirón descolgó el teléfono, solo para descubrir que la línea estaba muerta.

Intentó tranquilizarse haciendo varias aspiraciones profundas, podía sentir el latido de su sangre agolpándose en sus sienes como el sonido de tambores de guerra, tomo otras dos respiraciones mas y reuniendo todo el aplomo que era capaz camino hacia la habitación de su abuelo, subió las escaleras y registro cuarto por cuarto encendiendo las luces, el resto de la casa parecía intacta, así que regreso a la sala encendiendo también las luces, afuera ya era noche cerrada y el alumbrado público hizo su aparición, entrando por la ventana e iluminando la alfombra verde olivo.

Jason notó partes húmedas sobre esta como gotas en la alfombra y que formaban un rastro hacia fuera de la casa, tomando el atizador de la chimenea como improvisada arma lo fue siguiendo cuidadosamente hasta el cobertizo, donde sus peores temores estaban confirmándose.

Sobre la hojarasca en el suelo se encontraba su abuelo con ambas manos sobre su abdomen totalmente manchado de sangre.

Olvidándose del atizador, Jason corrió hasta donde se encontraba el abuelo Peter, este se encontraba muy débil por la pérdida de sangre y Jason empezó a gritar ayuda.

-Ja…son- gimió el abuelo.

-Todo va a estar bien abuelo, te vas a poner bien. -Las lagrimas descendian velozmente del rostro de Jason.

-Twi…ly, encuen…tra a Twi…ly- la cabeza del abuelo rodo hacia un costado y un suspiro casi silencioso acompaño sus ojos cerrados.

-¿Abuelo? Abuelo, ¡No, por favor no!.

Jason intentaba despertar a su abuelo sacudiéndolo, no noto el sonido del motor de un coche que se acercaba hasta que las luces le lastimaron la vista.

Jack Banning bajo de su auto corriendo, sin atinar aun a comprender lo que sus ojos veían, su cerebro se resistía a entender las imágenes que sus ojos enviaban, solo pudo preguntar.

-Jason, ¿Qué hiciste?

Cronos sin Piedad

Agosto 2008

Jason Banning caminaba presuroso rumbo a su colegio, estaba con el tiempo justo para cubrir las seis manzanas que lo separaban de la entrada al campus, sabia que no debía haberse desvelado pero había estado esperando ver ese concierto por mucho tiempo y no podía habérselo perdido por nada en el mundo.

Cubrió al trote los últimos metros para doblar la esquina y a lo lejos miro el autobús escolar… vacio, probablemente la mayoría de los alumnos ya había entrado, consultó su reloj y vio que tenía dos minutos para llegar a su escuela, encontrar su salón y colocar su menudo cuerpo en su pupitre antes que el señor Smoltz empezase a despotricar que “las matemáticas son tan exactas como puntuales deberían ser los alumnos”

Corrió los últimos metros y entro al plantel, solo quedaba un minuto, lo iba a lograr sin duda, cincuenta segundos, solo dos pasillos mas, treinta segundos, daría vuelta en ese pasillo y entraría a su salón y al fin con 10 segundos de ventaja tomo la manija de la puerta de su salón de matemáticas para darse cuenta que estaba cerrada.

Asomo su rostro por la ventanilla de vidrio para darse cuenta que su maestro estaba ya impartiendo la clase, el señor Smoltz al darse cuenta de su presencia le dirigió una mirada reprobatoria y se encamino a abrirle.

Aquí viene el sermón.– pensó Jason.

-Tarde de nuevo señor Banning.

-Estoy en el tiempo, lo hubiera logrado si no estuviese la puerta cerrada.

-Debería invertir su dinero en un mejor reloj, la clase dio inicio hace tres minutos, creo que ya conoce el camino hacia la dirección, ahora si me permite debo dar clase a los alumnos que SI les interesa estudiar.-concluyo el maestro casi azotándole la puerta en la nariz y bajando la persiana de papel de la ventanilla de cristal.

Con paso lento y desganado Jason se dirigió a la dirección, sería la tercera vez en dos semanas que le pasaba lo mismo, todas ellas con el profesor Smoltz, y si las palabras de la directora eran ciertas, esta vez buena la había hecho.

No tuvo que esperar, apenas su rostro asomo por el ventanal de la oficina de la directora Jengs, esta le hizo señas para que entrase, sus sospechas se vieron confirmadas al escuchar las primeras palabras de la directora.

-Me temo señor Banning que tendremos que aplicar la sanción que le mencioné el martes pasado, el día de hoy estará suspendido, me acabo de comunicar con su padre que ya viene de camino a recogerlo, espero que reconsidere su actitud respecto a que la puntualidad es un valor infaltable en el mundo de hoy y que esperamos que usted cumpla con dicho valor al ciento por ciento, ¿de acuerdo?

Jason asintió levemente con la cabeza sin abrir la boca.

-Bien, como hoy es viernes y no quiero que se pase haraganeando el fin de semana como si sus acciones mereciesen premio alguno, deberá entregarme un ensayo de no menos de cinco mil palabras para el lunes, escrito de su puño y letra sobre historia del Egipto antiguo, y quiero que quede claro, de su puño y letra, no aceptare trabajos hechos en computadora que puede copia y pegar fácilmente o se arriesga a que su suspensión pueda alargarse por una semana, ahora puede retirarse.

Pero lo peor no había pasado, quince minutos despues tuvo que aguantar un sermón el doble de duro, esta vez por parte de su padre, Jack Banning, un doctor que se quejaba por quincuagésima vez de las consultas que había dejado pendientes por ir a recogerlo a la escuela.

-No puedo estar resolviendo tus problemas, tienes que madurar, por dios no eres un niñito, ya tienes trece años y se supone que deberías ser más responsable.

-¿A dónde vamos?- pregunto Jason al ver que el rumbo que tomaba su padre no era el de su casa.

-A casa del abuelo, te quedaras con él durante el resto de la tarde, yo debo atender las consultas que descuide por tu irresponsabilidad y tu madre y tu hermana no regresaran de su viaje hasta el domingo así que te quedaras con él y yo pasare a recogerte más noche.

Jason simplemente se hundió en el asiento del coche mientras pensaba,

Genial, encerrado en la casa del abuelo con un trabajo aburridísimo de historia, todo lo que un adolescente pide un viernes por la tarde.

Su padre lo dejo en la acera frente a la casa del abuelo, no hubo palabras de adios, un simple aceleron y el coche de su padre no tardo en desaparecer por la esquina de la acera, Jason se encamino como quien se encamina a un paredon de fusilamiento, cargo su mochila al hombro y entro.

La casa del abuelo era un viejo chalet tipo americano, una casa demasiado pequeña para el enorme terreno sobre la que estaba construida, los arboles crecian altos y en abundancia, años atras era una delicia para Jason el brincotear por los “bosques” y recorrer las enormes “selvas” de la casa del abuelo, los cuales con el tiempo se convirtieron en arbustos que apenas si rebasaban las rodillas de Jason.

Encontro a su abuelo en la sala como siempre lo recordaba recargado con la cara apoyada en su mano concentrado en la lectura de una novela y con la antiquisima radio que solia escuchar.

El hombre, con una calva hasta la nuca y solo unos mechones totalmente blancos de pelo encima de sus orejas detuvo su lectura para ofrecer una radiante sonrisa a su nieto mayor.

-Jason, que alegria, pasa hijo, pasa. ¿a que debo esta agradable sorpresa?

-Mi papá me dejó aquí, pasara mas tarde a recogerme, mamá y Susan no estan en la ciudad.

-Pero, ¿no deberias estar en la escuela?.

-Me suspendieron, llegue tarde y…

-Ah, no importa, no importa. Ellos son los que se pierden de tu agradable compañia. Pasa y sientate mientras yo preparo un té y me explicas con mas detalle.

Jason se sento en el comodo sofa de tres piezas y examino la portada del libro que leia su abuelo “El niño que no queria crecer” de James Matthew Barrie, lanzo un largo suspiro y sin poder evitarlo penso en voz alta.

-Esto va a ser un dia muy, pero muy aburrido.